¿Está preparada tu empresa para el Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial?
La inteligencia artificial ya no es una cuestión de futuro. Está en los correos que redactamos, en los chatbots que atienden clientes, en las herramientas que analizan datos, en los sistemas de selección de personal, en la publicidad, en la traducción automática, en la generación de imágenes y en muchos procesos internos de las empresas.
Pero a partir del 2 de agosto de 2026, el uso de la inteligencia artificial en la Unión Europea entra en una nueva etapa regulatoria.
El Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial, conocido también como AI Act, será plenamente aplicable, con algunas excepciones y un calendario progresivo de aplicación.
Su objetivo no es prohibir la inteligencia artificial, sino regularla para que se utilice de forma segura, transparente y respetuosa con los derechos fundamentales.
La pregunta que muchas empresas deberían hacerse no es si usan inteligencia artificial. La verdadera pregunta es:
¿Sabemos exactamente qué herramientas de IA estamos utilizando, para qué las usamos y qué riesgos legales pueden implicar?
¿Qué es el Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial?
El Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial es la primera gran norma europea que regula de forma específica el uso, desarrollo y comercialización de sistemas de IA.
Su enfoque se basa en el nivel de riesgo. No todas las herramientas de IA tienen el mismo impacto ni requieren las mismas obligaciones. No es lo mismo utilizar una herramienta para corregir un texto que usar un sistema automatizado para seleccionar candidatos, valorar la solvencia de una persona, analizar datos biométricos o tomar decisiones que afecten a derechos fundamentales.
Por eso, el Reglamento distingue entre distintos niveles de riesgo:
✔️Riesgo inaceptable: sistemas de IA prohibidos.
✔️Alto riesgo: sistemas que pueden afectar a derechos, seguridad, empleo, educación, migración, infraestructuras críticas u otros ámbitos sensibles.
✔️Riesgo limitado: sistemas sujetos principalmente a obligaciones de transparencia.
✔️Riesgo mínimo: usos cotidianos con menor carga regulatoria.
¿Por qué debe preocupar a las empresas?
Muchas empresas creen que esta norma solo afecta a grandes tecnológicas o a compañías que desarrollan inteligencia artificial. Esa es una suposición peligrosa.
El Reglamento puede afectar también a empresas que utilizan sistemas de IA en su actividad diaria, aunque no los hayan creado. Por ejemplo, una empresa puede estar usando IA en:
- selección de personal;
- atención al cliente;
- análisis de datos;
- generación de contenidos;
- marketing;
- scoring o valoración de clientes;
- gestión documental;
- herramientas de productividad;
- traducción o revisión de contratos;
- automatización de decisiones internas.
El problema no está solo en usar IA. El problema aparece cuando se usa sin saber exactamente qué herramienta se está utilizando, qué datos se introducen, quién accede a esa información, qué decisiones se automatizan y qué impacto puede tener sobre clientes, trabajadores o terceros.
¿Qué obligaciones pueden surgir?
Las obligaciones dependerán del tipo de sistema, del papel de la empresa y del nivel de riesgo.
No tendrá las mismas obligaciones una empresa que desarrolla una herramienta de IA que una empresa que simplemente la utiliza. Tampoco será igual usar IA para redactar un borrador interno que utilizarla para tomar decisiones relevantes sobre personas.
Entre las obligaciones que pueden resultar aplicables están:
- identificar qué sistemas de IA se utilizan en la empresa;
- clasificar el nivel de riesgo;
- informar cuando una persona interactúa con una IA;
- garantizar supervisión humana;
- documentar determinados usos;
- revisar proveedores y contratos;
- establecer políticas internas de uso responsable;
- formar al personal en el uso adecuado de la IA;
- evitar prácticas prohibidas;
- proteger datos personales y confidenciales;
- controlar el uso de herramientas generativas como ChatGPT, Copilot u otras similares.
Además, el Reglamento contempla sanciones relevantes. En los casos más graves, el incumplimiento de prácticas prohibidas puede conllevar multas de hasta 35 millones de euros o el 7 % del volumen de negocios anual mundial, la cifra que sea superior. Para otros incumplimientos, también se prevén sanciones significativas.
El error más frecuente: pensar que “solo estamos probando”
Muchas empresas están en una fase aparentemente informal: prueban herramientas, automatizan tareas, generan textos, analizan datos o incorporan asistentes de IA sin una política clara.
Pero desde el punto de vista jurídico, “estar probando” no siempre elimina el riesgo.
Si en esas pruebas se introducen datos personales, información confidencial, documentos de clientes, datos de empleados o decisiones con impacto real, la empresa puede estar generando una exposición legal innecesaria.
La inteligencia artificial puede ser una herramienta extraordinaria, pero debe utilizarse con criterio, trazabilidad y prudencia.
¿Qué debería hacer una empresa antes del 2 de agosto de 2026?
Sin necesidad de alarmismo, sí conviene empezar a trabajar de forma ordenada.
Una primera revisión debería incluir:
- Inventario de herramientas de IA
Saber qué herramientas se usan, quién las usa y para qué. - Clasificación del riesgo
Determinar si el uso es de bajo riesgo, riesgo limitado o puede encajar en una categoría de alto riesgo. - Revisión de datos
Analizar si se introducen datos personales, datos sensibles, secretos empresariales o información confidencial. - Política interna de uso de IA
Establecer reglas claras para empleados y colaboradores. - Revisión de proveedores
Comprobar condiciones contractuales, protección de datos, ubicación de servidores, confidencialidad y responsabilidades. - Transparencia
Valorar cuándo hay que informar al cliente, usuario o trabajador de que está interactuando con IA o de que se ha generado contenido mediante IA. - Formación
El personal debe saber qué puede hacer con IA y qué no debería hacer.
IA sí, pero con responsabilidad
La inteligencia artificial no debe verse como una amenaza en sí misma. Bien utilizada, puede ahorrar tiempo, mejorar procesos y aumentar la productividad de una empresa.
Pero el entusiasmo tecnológico no debe sustituir al criterio jurídico.
El nuevo Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial obliga a las empresas a pasar de la improvisación a la gestión responsable. Ya no basta con decir “usamos una herramienta”. Habrá que poder explicar qué se usa, con qué finalidad, con qué datos, bajo qué control y con qué garantías.
Conclusión
El 2 de agosto de 2026 marca una fecha clave para la aplicación del Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial.
Las empresas que ya están utilizando IA deberían empezar a revisar sus procesos cuanto antes. No se trata de dejar de innovar, sino de hacerlo con seguridad jurídica.
En Bennet & Rey Abogados podemos ayudarte a revisar el uso de inteligencia artificial en tu empresa, identificar posibles riesgos y preparar una política interna adaptada a tus necesidades.
La inteligencia artificial puede ser una gran aliada. Pero solo si se utiliza con cabeza, transparencia y responsabilidad.
Si tienes alguna pregunta no dudes en contactar con nosotros.
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