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¿Puede matarnos la inteligencia artificial? Quizá Europa no estaba tan equivocada

He visto el vídeo publicado por la BBC sobre las alarmantes advertencias de varios investigadores de inteligencia artificial, un asunto que también ha sido ampliamente recogido por The Guardian y otros medios internacionales.

La regulación de la inteligencia artificial lleva años siendo cuestionada por quienes consideran que puede frenar la innovación. Sin embargo, las últimas advertencias procedentes de la propia industria tecnológica deberían hacernos pensar.

Las advertencias proceden de la propia industria

Jacob Coxon, antiguo investigador de Anthropic —y anteriormente de OpenAI—, abandonó su puesto tras advertir de que las principales compañías tecnológicas están compitiendo por desarrollar una inteligencia artificial cada vez más avanzada sin disponer todavía de garantías suficientes para controlar sus riesgos.

Su advertencia es extrema: sostiene que quienes trabajan directamente en el desarrollo de estos sistemas creen sinceramente que la inteligencia artificial podría llegar a provocar la extinción de la humanidad.

Podemos considerar esta predicción exagerada. Pero resulta más difícil ignorarla cuando no procede únicamente de observadores externos, sino de personas que conocen esta tecnología desde dentro.

La petición de ralentizar el desarrollo de la IA

Dario Amodei, cofundador y CEO de Anthropic, también ha pedido que se ralentice el desarrollo de los modelos de IA más avanzados. No propone detener por completo el progreso tecnológico, sino acompasar el aumento de sus capacidades con la investigación en seguridad, la supervisión independiente y la creación de mecanismos eficaces de control.

Su petición ha recibido el respaldo de Sam Altman, CEO de OpenAI, y de Elon Musk, entre otras figuras relevantes del sector.

Y esto debería hacernos pensar.

Europa trabaja en la gobernanza de la IA desde 2018

Desde hace años, la Unión Europea recibe críticas constantes por su empeño en regular la inteligencia artificial. Se afirma que tanta normativa frena la innovación, reduce nuestra competitividad y nos hace perder la carrera frente a Estados Unidos y China.

Sin embargo, la Unión Europea lleva trabajando de forma estructurada en la gobernanza de la inteligencia artificial desde 2018. Primero llegaron la estrategia europea y el Plan Coordinado sobre IA; después, las Directrices éticas para una IA fiable de 2019 y el Libro Blanco sobre inteligencia artificial de 2020. En 2021, la Comisión Europea presentó la propuesta del Reglamento de Inteligencia Artificial, que finalmente fue aprobado y entró en vigor en 2024.

Pero ¿y si esta carrera no consistiera solamente en llegar primero?

¿Y si también importara saber hacia dónde vamos, qué riesgos estamos dispuestos a asumir y quién responderá cuando algo salga mal?

¿Debemos escuchar estas advertencias?

Es la primera vez que escucho a algunas de las personas situadas en el corazón de esta industria expresarse con tanta claridad. Naturalmente, también debemos examinar sus declaraciones con cautela. Las advertencias pueden responder a preocupaciones auténticas, pero también coinciden con intereses empresariales, luchas por el liderazgo y enormes valoraciones económicas.

Aun así, cuando demasiadas voces conocedoras de la tecnología nos dicen que debemos reducir la velocidad y pensar, quizá lo irresponsable sería no escucharlas.

Hoy no podemos prescindir de la inteligencia artificial. Yo misma soy una gran usuaria y contemplo con admiración todo lo que puede hacer. Precisamente por eso creo que su desarrollo debe ir acompañado de normas, controles y supervisión humana.

Innovación y regulación no son enemigas

La innovación y la regulación no tienen por qué ser enemigas. Regular no significa necesariamente impedir el progreso: también puede significar establecer las condiciones para que ese progreso sea seguro, responsable y compatible con nuestros derechos.

En Bennet & Rey Abogados somos firmes defensores de una regulación de la inteligencia artificial que proteja los derechos de las personas sin impedir la innovación. No defendemos regular por regular ni imponer cargas innecesarias a las empresas. Defendemos unas normas claras, proporcionadas y basadas en el riesgo, que permitan aprovechar las extraordinarias posibilidades de la IA con seguridad, transparencia y supervisión humana.

Porque regular la inteligencia artificial no significa estar en contra de ella. Al contrario: significa querer que se desarrolle bien, que genere confianza y que permanezca al servicio de las personas.

Quizá Europa no haya entendido peor la inteligencia artificial.

Quizá simplemente haya comprendido antes que una tecnología con un poder extraordinario también exige una responsabilidad extraordinaria.

Transparencia sobre la elaboración de este artículo

Por cierto, este artículo ha sido elaborado con ayuda de inteligencia artificial y supervisión humana. Primero escribo el texto; después utilizo la IA para revisarlo y estructurarlo; finalmente, vuelvo a examinarlo y realizo los cambios que considero necesarios.

La imagen que acompaña al artículo también ha sido generada mediante inteligencia artificial.

¿Está preparada tu empresa para el Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial?

La inteligencia artificial ya no es una cuestión de futuro. Está en los correos que redactamos, en los chatbots que atienden clientes, en las herramientas que analizan datos, en los sistemas de selección de personal, en la publicidad, en la traducción automática, en la generación de imágenes y en muchos procesos internos de las empresas.

Pero a partir del 2 de agosto de 2026, el uso de la inteligencia artificial en la Unión Europea entra en una nueva etapa regulatoria.

El Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial, conocido también como AI Act, será plenamente aplicable, con algunas excepciones y un calendario progresivo de aplicación.

Su objetivo no es prohibir la inteligencia artificial, sino regularla para que se utilice de forma segura, transparente y respetuosa con los derechos fundamentales.

La pregunta que muchas empresas deberían hacerse no es si usan inteligencia artificial. La verdadera pregunta es:

¿Sabemos exactamente qué herramientas de IA estamos utilizando, para qué las usamos y qué riesgos legales pueden implicar?

¿Qué es el Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial?

El Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial es la primera gran norma europea que regula de forma específica el uso, desarrollo y comercialización de sistemas de IA.

Su enfoque se basa en el nivel de riesgo. No todas las herramientas de IA tienen el mismo impacto ni requieren las mismas obligaciones. No es lo mismo utilizar una herramienta para corregir un texto que usar un sistema automatizado para seleccionar candidatos, valorar la solvencia de una persona, analizar datos biométricos o tomar decisiones que afecten a derechos fundamentales.

Por eso, el Reglamento distingue entre distintos niveles de riesgo:

✔️Riesgo inaceptable: sistemas de IA prohibidos.

✔️Alto riesgo: sistemas que pueden afectar a derechos, seguridad, empleo, educación, migración, infraestructuras críticas u otros ámbitos sensibles.

✔️Riesgo limitado: sistemas sujetos principalmente a obligaciones de transparencia.

✔️Riesgo mínimo: usos cotidianos con menor carga regulatoria.

¿Por qué debe preocupar a las empresas?

Muchas empresas creen que esta norma solo afecta a grandes tecnológicas o a compañías que desarrollan inteligencia artificial. Esa es una suposición peligrosa.

El Reglamento puede afectar también a empresas que utilizan sistemas de IA en su actividad diaria, aunque no los hayan creado. Por ejemplo, una empresa puede estar usando IA en:

  • selección de personal;
  • atención al cliente;
  • análisis de datos;
  • generación de contenidos;
  • marketing;
  • scoring o valoración de clientes;
  • gestión documental;
  • herramientas de productividad;
  • traducción o revisión de contratos;
  • automatización de decisiones internas.

El problema no está solo en usar IA. El problema aparece cuando se usa sin saber exactamente qué herramienta se está utilizando, qué datos se introducen, quién accede a esa información, qué decisiones se automatizan y qué impacto puede tener sobre clientes, trabajadores o terceros.

¿Qué obligaciones pueden surgir?

Las obligaciones dependerán del tipo de sistema, del papel de la empresa y del nivel de riesgo.

No tendrá las mismas obligaciones una empresa que desarrolla una herramienta de IA que una empresa que simplemente la utiliza. Tampoco será igual usar IA para redactar un borrador interno que utilizarla para tomar decisiones relevantes sobre personas.

Entre las obligaciones que pueden resultar aplicables están:

  • identificar qué sistemas de IA se utilizan en la empresa;
  • clasificar el nivel de riesgo;
  • informar cuando una persona interactúa con una IA;
  • garantizar supervisión humana;
  • documentar determinados usos;
  • revisar proveedores y contratos;
  • establecer políticas internas de uso responsable;
  • formar al personal en el uso adecuado de la IA;
  • evitar prácticas prohibidas;
  • proteger datos personales y confidenciales;
  • controlar el uso de herramientas generativas como ChatGPT, Copilot u otras similares.

Además, el Reglamento contempla sanciones relevantes. En los casos más graves, el incumplimiento de prácticas prohibidas puede conllevar multas de hasta 35 millones de euros o el 7 % del volumen de negocios anual mundial, la cifra que sea superior. Para otros incumplimientos, también se prevén sanciones significativas.

El error más frecuente: pensar que “solo estamos probando”

Muchas empresas están en una fase aparentemente informal: prueban herramientas, automatizan tareas, generan textos, analizan datos o incorporan asistentes de IA sin una política clara.

Pero desde el punto de vista jurídico, “estar probando” no siempre elimina el riesgo.

Si en esas pruebas se introducen datos personales, información confidencial, documentos de clientes, datos de empleados o decisiones con impacto real, la empresa puede estar generando una exposición legal innecesaria.

La inteligencia artificial puede ser una herramienta extraordinaria, pero debe utilizarse con criterio, trazabilidad y prudencia.

¿Qué debería hacer una empresa antes del 2 de agosto de 2026?

Sin necesidad de alarmismo, sí conviene empezar a trabajar de forma ordenada.

Una primera revisión debería incluir:

  1. Inventario de herramientas de IA
    Saber qué herramientas se usan, quién las usa y para qué.
  2. Clasificación del riesgo
    Determinar si el uso es de bajo riesgo, riesgo limitado o puede encajar en una categoría de alto riesgo.
  3. Revisión de datos
    Analizar si se introducen datos personales, datos sensibles, secretos empresariales o información confidencial.
  4. Política interna de uso de IA
    Establecer reglas claras para empleados y colaboradores.
  5. Revisión de proveedores
    Comprobar condiciones contractuales, protección de datos, ubicación de servidores, confidencialidad y responsabilidades.
  6. Transparencia
    Valorar cuándo hay que informar al cliente, usuario o trabajador de que está interactuando con IA o de que se ha generado contenido mediante IA.
  7. Formación
    El personal debe saber qué puede hacer con IA y qué no debería hacer.

IA sí, pero con responsabilidad

La inteligencia artificial no debe verse como una amenaza en sí misma. Bien utilizada, puede ahorrar tiempo, mejorar procesos y aumentar la productividad de una empresa.

Pero el entusiasmo tecnológico no debe sustituir al criterio jurídico.

El nuevo Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial obliga a las empresas a pasar de la improvisación a la gestión responsable. Ya no basta con decir “usamos una herramienta”. Habrá que poder explicar qué se usa, con qué finalidad, con qué datos, bajo qué control y con qué garantías.

Conclusión

El 2 de agosto de 2026 marca una fecha clave para la aplicación del Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial.

Las empresas que ya están utilizando IA deberían empezar a revisar sus procesos cuanto antes. No se trata de dejar de innovar, sino de hacerlo con seguridad jurídica.

En Bennet & Rey Abogados podemos ayudarte a revisar el uso de inteligencia artificial en tu empresa, identificar posibles riesgos y preparar una política interna adaptada a tus necesidades.

La inteligencia artificial puede ser una gran aliada. Pero solo si se utiliza con cabeza, transparencia y responsabilidad.

Si tienes alguna pregunta no dudes en contactar con nosotros.

Envíanos un email a: [email protected]